Tenés el control de mi mirada enamorada, mi risa descontrolada y un latido apurado por quererte tanto.
Las ganas locas de nunca más salir de tu lado, aunque a veces me compre un boleto de ida sin vuelta a cualquier lado, un intento de escapar de tu mal humor semanal, tu cara matinal, tu lenguaje coloquial.
Tus gritos, tus mimos, sos todo una poesia, mi samba favorito.
Aprendí a conocerte, a respetarte, a no hablar alto (ni mucho) cuando te metes en tu infinito particular. Aprendí a admirarte como sos, después de tanta cara fea y meses de tanta pelea, intentando adaptarme al ruidoso extraño que se mudó para mi departamento.
Sus pasos accelerados, la causa de mi despertar en la madrugada...

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